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Agua

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La enorme división de clases sociales nos ha enseñado a medir el progreso de las personas en base a sus posesiones materiales, sin incentivar las cualidades internas que nos da la formación personal, o sea, sin fijarnos en la calidad humana del individuo y sus conocimientos o cultura general. Las carencias extremas nos han hecho medir el éxito solamente con base en cosas materiales, no esenciales, que son ajenas al ser interior, y que solo atienden a cuestiones exteriores que dicen muy poco del espíritu de alguien. En algunos estudios de filosofía, incluso se asocia el concepto de alma con el conocimiento del individuo.

De la misma manera, solemos medir el verdadero progreso de un país por medio de cuestiones meramente económicas a gran escala,  tal y como podría ocurrir con el Producto Interno Bruto, por ejemplo, en cuyo caso no necesariamente reflejaría el verdadero progreso general de un pueblo, sino el ingreso por producción de los pocos sujetos que poseen el control de la manufactura interna y materia prima.

A pesar de ello, hay un elemento esencial que nos da la pauta para determinar el verdadero grado de prosperidad general de una nación, por medio de algo que no se ve a simple vista, pero que resulta de indispensable importancia para la dignidad de las personas: el acceso al agua y el tratamiento del agua residual. Lo cual es un tema 100% relegado al último lugar por todas las autoridades históricas de nuestro país, ya que ello no es algo que se pueda materializar en la calle ante la opinión pública. Vemos una gran variedad de bienes suntuosos, pero nuestra población promedio sigue sin tener acceso al agua, a no ser que vivamos en un condominio privado que tiene pozo propio. La gente promedio a nivel nacional sigue sin ser dignificada, dado que no tenemos cultura de respeto, sino de vanidad. Ello hace que prioricemos cosas descartables y descartemos cosas prioritarias.

El acceso al agua y el manejo de aguas residuales constituyen una muestra inequívoca del grado de desarrollo de una nación, es decir, la importancia que se le da a temas que verdaderamente dignifican a las personas, sin importar los bienes suntuosos que algunas minorías atesoran, ya que tal contradicción constituye un contrasentido que nos hace ver mal al momento de seleccionar nuestras prioridades, porque le damos importancia a bienes no esenciales por encima del acceso al agua. Incluso las culturas antiguas han tenido un alto grado de interés por el manejo del agua y el acceso universal de sus poblaciones a ella. El verdadero acceso al agua y el manejo del agua sucia son un producto de la cultura o de la falta de ella, o del estilo de vida de la gente, y también dice mucho de su ser interior, de acuerdo con el grado de dignidad que se le da a las demás personas.

El mejor indicador del término progreso no es el PIB, sino el acceso al agua, aunque, claro, éste es un punto de vista meramente filosófico.