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Entre árboles navideños y la santa corrupción

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Al ritmo de una canción navideña –de esas que se entonan en las posadas– vamos sacando del tiempo otro mes de vida, el diciembre nuestro de todos los años. Ese mes que entre carreras y embotellamientos nos marca el fin de otro ciclo anual.

Mientras tanto, la ciudad colapsa por la ignominiosa posición de Álvaro Arzú, o el nefasto Ministro de Cultura, quien ni siquiera merece que recuperemos su nombre, que se agasaja en fiesta privada, con sus contertulios en el Palacio Nacional de la Cultura. Por último, el presidente, ese actor cómico, da palos en la dirección que el grupo de poder le ordena. Así, el país es un tren perdido o un barco que naufraga.

Habrá, claro, en todo este desorden político, quienes se beneficien y se engorden con la miseria de los otros.

Arzú, por ejemplo, tengo la certeza que será condenado por la historia como ese falso ilusionista, político de redil, quien nunca comprendió qué es una ciudad o por qué los seres humanos se congregan para vivir en las urbes. Él -con su pobre mentalidad de arribista en los negocios- apenas sabe que debe sacar el máximo beneficio de su puesto, quien -por cierto- lleva más de 20 años.

Hoy mismo, la ciudad se derrumba con los problemas reales, basta citar la basura y la mafia del mal catalogado “relleno sanitario”.  Y los pocos e ingenuos tecnócratas de la derecha, dirán que esa gente, quien vive en la basura es mala. Estos analistas de cajón afirman “no comprenden que los guajeros debe salir para que la ciudad tenga un orden”. Yo los oigo y digo de verdad pobres ilusos esos analistas, son ellos quienes no miran que la concepción del criollo creó una mentalidad de arribistas en todos, incluso, en los pobres, esos  que la “derecha” desprecia tanto. ¿Quiénes se benefician con los guajeros en el sector? Sería una pregunta clave.

Para que tenga una idea querido lector, otro aspecto vital es el abastecimiento de agua en las ciudades. La de la ciudad ni por asomo es potable y en muchos barrios ni siquiera hay, sin embargo ese es un servicio vital. Pero deje que le comparta que en muchas ciudades del mundo, el agua que llega a las casas es potable, usted puede beber con tranquilidad un vaso de la llave. Entonces, ¿por qué la administración del alcalde no sanea el agua? ¿Será porque no conviene a los intereses de las empresas que nos venden el agua en botellón? ¿Qué negocio de corrupción hay para que la ciudad no tenga un servicio de agua potable?

La enumeración de contradicciones de nuestra ciudad y país son enormes. Por allí los árboles de navidad nevados son un claro ejemplo de lo que no somos, pero reproducimos con lealtad al comercio gringo. Para lo mismo se puede acercar al obelisco de la ciudad y la empresa de cerveza, orgullo nacional, gasta miles de miles en un árbol mientras tanto en la esquina del semáforo otro niño le pide limosna a la vida. ¿Los ha visto?

Los anteriores son ejemplos directos de esta mentalidad malvada -ignominiosa- que hemos heredado y reproducimos, el arribismo como condición. Pero cada año, la mayoría se golpea el pecho, promete cosas nobles, incluso, da regalitos baratos para sentirse mejor.

La administración corrupta municipal de la ciudad es un reflejo claro y directo de la construcción del país que tenemos. Un país en que que la mayoría, me incluyo, trabaja con ahínco para sobrevivir.  Habemos miles de guatemaltecos, quienes nunca participaremos de la nefasta corrupción pero tenemos la esperanza puesta en un futuro mejor como país, como ciudad o como individuos sin hacer daño a terceros.

Querido lector no piense ni por asomo que soy un amargado, al contrario me parece que los ciclos de vida se deben celebrar con una fiesta. Creo en la comunión de lo humano, me parece necesario un espacio de dignidad para todas y cada uno. Mis reflexiones se orientan, al final, a la esperanza en el futuro, no solo para unos sino que la mayoría no muera en la miseria. Mientras tanto disfrute el tránsito denso de TU MUNI.