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Códigos no escritos

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A toda acción hay una reacción. Esta es una ley natural tan cierta como la ley de la gravedad. Estas son las únicas leyes que en verdad se cumplen, ya que las leyes de los humanos son de aplicación selectiva, relativa e injusta por parte de los alacranes que disfrutan las delicias y banalidades del presupuesto del Estado.  Partiendo de ello podemos explicar muchos fenómenos sociales que guardan relación íntima con el esquema existencial de la sociedad contemporánea organizada:  ¡Quien se queda con qué!

Ese esquema existencial proviene de nuestra imperfección derivada del libre albedrio, el cual tiene su punto de partida bíblico y filosófico en la manzana que Eva le dio de probar a Adán. Ello es una metáfora de los vicios sociales contemporáneos que los humanos hemos trazado bajo la forma de códigos de conducta no escritos que determinan los hábitos sociales de la civilización actual. Al que los ignora se le margina. Esos códigos no escritos son mucho más eficientes que las leyes escritas de los hombres.

En tal sentido las relaciones sociales actuales son más bien políticas, ya que incitan al individuo para basar su afinidad por alguien a conveniencia, y en función de obtener los satisfactores personales que el consumismo frenéticamente nos ofrece. Por ende, excepcionalmente, podríamos decir que la única relación honesta entre los humanos es la de un bebé con su mamá, dado que el bebé carece de la información social corroída que el entorno le proveerá cuando sea adulto, motivándolo sistemáticamente en el futuro a tejer relaciones personales por la sujeción del individuo al estatus de los que ansiosamente desea considerar como sus similares. Ello se deriva de la usanza social de acrecer los bienes materiales por vía de la afinidad social de grupos a los cuales creemos pertenecer.

Allí está la gran corrosión del conocimiento banal que la vida en la sociedad contemporánea nos ofrece. Somos los adultos los que  solemos contaminarnos con frivolidades que nos esclavizan en función de mantener siempre la sintonía con el grupo social al cual consideramos o deseamos ansiosamente pertenecer, de modo que obviamente resulta indispensable mantenernos a la altura de las circunstancias para ser correlativa y políticamente correctos.  Al que resulta políticamente incorrecto se le suele aislar.

En nuestra inversión de principios y valores al que viola la ley escrita de los hombres se le suele admirar por su audacia y astucia;  pero al que viola un código social de conducta se le aísla.

Incumplir códigos sociales de conducta suele castigarse con el aislamiento; sin embargo para el visionario y para el futurista hasta del aislamiento suele sacarse rentabilidad.