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Convenciones y estrategias en las elecciones de EUA

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Donald Trump llegó victorioso a “su” convención, después de fallidos intentos por bloquear su candidatura. El candidato que llegó de la nada, comenzó ufano su penúltimo acto, entre gritos ahogados y maldiciones escondidas. Todo le ha resultado bien: dos de cada tres de los 2,472 delegados, le respaldaron, no apareció ningún darkhorse (súbita aparición de otro candidato), y la petición de última hora, por cambiar la agenda para que se permitiera el voto libre de los delegados en la asamblea, fue un rotundo no del Comité Ejecutivo del partido.  El espaldarazo a su candidatura estaba consumado. Solo falta el discurso de aceptación para iniciar su camino formal hacia la Casa Blanca, tan lejana un día, tan cercana ahora, quizá a un par de pasos, para ello, el partido encauzará el mayor esfuerzo para dignificar la imagen, mostrar orden, disciplina y ante todo unidad, aún y cuando se hace notoria la ausencia de connotados líderes republicanos –el establisment– . The Old Party se debate en su propia convención entre el apoyo, el abandono o la presencia a regañadientes.

Donald Trump basa su estrategia de campaña en obtener el reconocimiento y apoyo de la élite republicana, con la cual no ha tenido las mejores relaciones políticas; se creería que no solo no ha provocado el acercamiento, más bien,  ha sido una andanada  de críticas encendidas de forma permanente. Mueve una pieza clave con la designación de su candidato vicepresidencial. Mike Pence, gobernador de Indiana, de 57 años, autodefinido con una alta carga religiosa (cristiano evangélico), quien ha forjado su política entre los conservadores más rancios del partido (ultraconservadores), cumple y hace cumplir los postulados republicanos, aun con los riesgos políticos que implican en algunas ocasiones por ser sensibles, por ejemplo: es contrario al aborto, apoya a la tenencia de armas, aboga por un gobierno limitado, propugna valores morales tradicionales y avala la actividad del Tea Party, no es accesible a propuestas sobre matrimonios igualitarios, medio ambientales o la inmigración ilegal. Tiene facilidad para llegar a personas clave del partido y de su entorno. Además, no solo canalizará una fuente de fondos, en especial de aquellos que aun están en duda o apartados de la campaña,  sino que también buscará la unidad del partido en una convocatoria que presumo, cuesta arriba, pero esa es su misión. En consecuencia, con Pence, el partido se garantiza la prevalencia de los principios republicanos, en caso de ganar la elección.

Pero el debate de fondo, no solo a nivel de partidos sino de nación es “qué hacer” ante la magnitud de la oleada de insatisfacciones que generan las dos candidaturas –Trump y Clinton–. Hay temores fundados por los peligros que puedan generarse,  las encuestas (AP-GfK) dan un resultado preocupante, ocho de cada 10 ciudadanos, tiene “miedo a que sea elegido uno de los dos”. Y, creemos, ante la ola de ataques y peligro de actos terroristas, la falta de un padre o abuelo protector, tal como sucedió en la campaña de Dwight Eisenhower, donde su figura, no su experiencia política, prevaleció. Era el hombre indicado después de los estragos de las dos guerras mundiales y la amenaza de un ataque. Él sería el salvador de la nación. El padre protector. Esa imagen no existe, por el contrario, cual cruel presagio, el riesgo puede ser el propio presidente. Esta referencia alude a Donald Trump de quien, se advierte en forma reiterada, la dificultad para asumir con decoro el rol de candidato y los posibles efectos negativos de llegar a ser el presidente.

La convención es la oportunidad –última oportunidad– de Trump, de buscar la conciliación, el perdón por las ofensas. Aceptar con dignidad los errores, dignificar el privilegio de ser candidato presidencial de EUA. Demostrar que entiende y sabe ser humilde. Pero el énfasis principal debe ser mostrar las cualidades por las cuales él debe ser el próximo presidente, por lo que debe actuar y pensar como tal. Estas acciones implicarán cambiar su discurso y la actitud que mantuvo durante las elecciones primarias;  tratar de ser  “Buena gente”,  con los vecinos mexicanos, que hay 36  millones  residiendo en ese país, y las demás minorías. Entendemos que, aunque en de forma vedada, la intención toral es apelar al voto blanco, es decir, la mayoría blanca de EUA, en la presunción de que podría alzarse con el triunfo si logra cautivarla. Se creería que debería apelar el voto de todos, porque puede ser el presidente de todos.

Solo un tercio de los votantes avala las dos candidaturas, este es un magro reconocimiento en una de las democracias más sólidas del mundo, y quizá por esa solidez es que se puede permitir estos altibajos políticos electorales.

En nuestra opinión, de los dos candidatos, quien logre dominar emocionalmente a la audiencia con su discurso de aceptación será el presidente de los EUA. Obama, con un discurso sencillo, con temas cotidianos, pero con el ingrediente adicional de un mensaje simple sobre la búsqueda de las oportunidades en igualdad de condiciones en todas las personas, obtuvo el voto, el reconocimiento y la presidencia. “Yes, we can”.