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¿A dónde vamos a parar con tanto irresponsable?

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Hablamos mucho sobre nuestro amor a nuestro terruño, pero creo que es solo del diente al labio, porque ese amor a la patria hay que demostrarlo con buenas acciones.

La semana pasada me desplacé a Guastatoya, El Progreso. Circular por la Carretera al Atlántico, realmente es un dolor de cabeza, pues la misma se encuentra en reparación y se hacen grandes colas. Desafortunadamente, los conductores carecen del mínimo respeto hacia los demás, increíblemente se meten abusivamente en la cola.

Lo más dramático es que en esos vehículos viajan con familia, y van niños, pero con tal de avanzar un poco, se conducen en el carril contrario, exponiéndose a encontrar un automotor en vía contraria, poniendo en peligro la vida de todos los involucrados.

El problema de la irresponsabilidad no termina ahí, cuando oscurece hay que encender las luces, pero muchos no lo hacen hasta que en realidad ya no ven bien, también quienes se conducen en su vehículo con solo un farol, y no digamos en la parte trasera, sin ninguna luz.

Es decepcionante ver tanta estupidez. ¿Cuánto puede costar una bombilla? Está como a Q7, si alguien tiene un vehículo, me imagino que tiene dinero para comprarlas para no poner en peligro su integridad física, la de su familia y de las demás personas.

¿Y las Policías de Tránsito y la Nacional Civil? Para variar están pintadas, sirven solo para pedir documentos y constatar si se efectuó el pago del Impuesto de Circulación, les interesa más imponer multas por no llevar los papeles en orden, que sancionar por carecer de luces.

Un país con tanta gente estúpida e irresponsable no sale adelante, por más esfuerzos que se hagan, con gente así no se logra, porque su mediocridad no les permite crecer intelectual y materialmente.

Mucha de esta gente seguramente ha manejado en los Estados Unidos, pero ahí sí respetan las disposiciones de tránsito, porque saben que por cualquier violación a las mismas, las sanciones son fuertes, pero al nomás tocar tierra guatemalteca, la imprudencia hace presa de ellos nuevamente.