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¿Dormir o no dormir?, that is the question

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Hace un año, las redes sociales estallaron –con sus millones de internautas– cuando el niño sirio de tres años, Aylan Kurdi, amaneció ahogado en una playa de Turquía, tras huir de la guerra en su país. Una guerra, como todas las guerras, que marca los índices de ambición más altos y de estupidez humana total.

Han pasado estos meses y la imagen del niño de playera roja -que conmovió a una parte del mundo- se va borrando de nuestra memoria. Todas las personas parecemos estar ocupadas en la subsistencia cotidiana, y los poderosos, en la negación de la vida misma por su avaricia, que se nos olvida el dolor ajeno.

Así en la era de la información virtual –donde cada persona puede expresar sus emociones– todos los eventos compartidos pierden relevancia y nosotros tenemos justificaciones banales para actuar así en la vida. Acá en la esquina del Facebook, una mujer cuenta las tragedias de su gato, otra persona expone sus logros, uno más implora por el perdón de su dios; en fin, tantos de tantos y todas las causas parecen ser nobles y nada tiene sentido.

Así el presidente Jimmy, cual cómico, dormitando en una junta de ministros, al final, tampoco tiene importancia o sus ridículas declaraciones sobre el muro de donal trump, porque todo se irá al caño de la información masificada y al día siguiente, lo olvidaremos.

Ayer fue chiste ese cerrar de pestañas, incluso hubo “memes”, pero mañana él actuará con su total incoherencia y nos volverá a sorprender que es capaz de superar su negligencia y luego se perderá –otra vez– en el marasmo de la información su ridícula actuación.

Pero al día subsiguiente, la señora del gato gritará en un “post” la muerte de su animal, una famosa banda de rock impondrá una nueva canción; otros cristianos gritarán su verdad revelada y la impunidad con la guerra continuará como otra razón de la vida misma en el planeta.

Entonces, no importa si los glaciares se derriten, se extingue otra especie animal o el ignorante del presidente emite tantas declaraciones, al final, la vida –desde la imposición de lo virtual– es un acto de autocomplacencia trivial, que se rige por lo efímero o los “me gusta” que tenga tal o cual publicación.

Pero se impone una duda, ¿qué le puede dar sentido a la vida?, acaso, ¿podremos subsistir como especie ante tanta ambición y maldad?, o ¿un acto solidario nos redimirá? No lo sé, pero, that is the question.