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EL ADULTO-NIÑO

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Hay una frase lapidaria cuyo origen desconozco pero que comunica una tremenda reflexión: “la diferencia entre un adulto y un niño es que el adulto trabaja”, claro que ello se refiere obviamente a la evolución de cada persona cuando ya es biológicamente capaz de procrear descendencia. Dicha frase tiene lógica en virtud de que injustamente hay quienes maduran demasiado temprano, y por otro lado, también hay quienes nunca lo hacen y luego se convierten en adultos-niños que son incapaces de desempeñarse con responsabilidad, debido a que nunca han tenido que asumir tareas reales de adulto fuera de su seno familiar inmediato.

Luego con el paso del tiempo, estos adultos-niños, por las casualidades de la vida, arriban a cargos de decisión política, incluso en la empresa privada, en donde hacen verdaderos destrozos, debido a la eventual falta de formación de líderes o sucesores en los círculos de poder. Un ejemplo de ello lo constituyen muchas empresas familiares que usualmente no sobreviven a la tercera generación por culpa del adulto-niño.

Al decir decisión política no hago alusión a temas necesariamente de gobierno nacional, sino a las decisiones de afectación colectiva que un jefe o un influyente toma hacia los demás en su ciclo económico, ya sean buenas o malas y que pueden afectar positiva o negativamente la vida de otros, e incluso su inmadurez puede causar humillaciones aberrantes a la pluralidad de personas que están debajo. En muchos casos usted se queja de las decisiones tan insólitas (por mensas) de funcionarios públicos, pero en la realidad muchas decisiones similares también ocurren en la empresa privada con la misma frecuencia.

Para que el adulto pueda tomar decisiones, primero tuvo que haber aprendido a aceptarlas, preferentemente de personas con quienes no hubiese afinidad ni parentesco. No se me vaya a confundir, por favor, que el adulto-niño no es exclusivo de clases socioeconómicas altas, sino que ocurre a todos los niveles sociales y en todas las capas, medias o pobres, urbanas o no urbanas. En este caso es indispensable mencionar que estos comentarios no implican un sesgo hacia un determinado sector.

La personalidad de un individuo se forja de los cero a los ocho años, y luego en la edad donde el individuo ya es biológicamente capaz de procrear, ocurre la encrucijada entre asumir el rol de pre-adulto o mantener la comodidad del niño, de modo que una vez hecho el molde del adulto formal o del adulto-niño, no hay vuelta atrás.  A manera de ejemplo, a veces se suele vincular el término carácter con lo abusivo de la persona, pero en tal caso tomemos nota que carácter no significa ser bravo y abusivo. Tener carácter significa actuar con aplomo ante la adversidad.

¿Ya vé como es de importante el hábito de resolver las cosas por sí mismo en la edad que corresponde?