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El macho ilustrado

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El 19 de octubre pasado, convocadas por la dignidad y bajo el #NiUnaMenos miles de mujeres y algunos hombres manifestaron su repudio -en diversas partes del mundo- contra los feminicidios. En la Ciudad de Guatemala, muchas mujeres con una conciencia plena sobre este flagelo, de orden patriarcal, se dirigieron a la Plaza de la Constitución y elevaron su voz para evidenciar que la violencia contra las mujeres por ser mujeres debe terminar.

En nuestro querido país, como en muchas partes del mundo, las reacciones fueron diversas y, como siempre, contradictorias. Yo, en lo personal, me uno a esta causa noble, #NiUnaMenos es una campaña a favor de la vida de todas las mujeres; es un grito de alerta para detener cualquier tipo de violencia contra ellas.

Es urgente, porque incluso a través de las frías estadísticas, la realidad es pavorosa, ya que cada día aparecen miles de mujeres golpeadas, violadas y en el peor de los casos, en casi todas partes del mundo, MUERTAS. Mujeres con un nombre, un rostro, una familia y una vida en plenitud que es mutilada por un macho violento.

Este comportamiento machista contra las mujeres, se creó partir de la mentalidad patriarcal. Una forma de pensamiento que durante miles de años ha naturalizado la violencia como eje motor de su construcción. Para ejemplificarlo, son los hombres los responsables en un 95% de los homicidios a nivel mundial, o peor aún, de las guerras. Nunca las mujeres han propiciado o armado una guerra.

Además, esta mentalidad tiene una violencia particular contra las mujeres y las ha relegado a un plano únicamente como reproductora de la especie. Esta forma de pensamiento es primitiva e injusta y debe terminar.

Ese pensamiento patriarcal y arcaico está en la fase histórica de su conclusión, su posición como eje del pensamiento humano pronto se extinguirá. Se constituyó más o menos hace cuatro mil años y, según mi criterio, en menos de doscientos años, la sociedad humana encontrará un equilibrio entre géneros. Sin embargo, antes de apagarse está dando estos estertores de violencia más radicales contra las mujeres, estos feminicidios despiadados.

Por eso es vital que todos reflexionemos sobre el planteamiento fundamental del feminismo, la equidad entre géneros.  En ese sentido, me parece lamentable, triste hasta cierto punto, cuando comunicadores sociales como Raúl de la Horra,a quien considero una “persona ilustrada”, se convierte en un macho más al emitir una opinión desde su posición del ego patriarcal.

Raúl, al igual que otros hombres, afirma que estas protestas performáticas con desnudo femenino no conducen a nada. Él, en su argumentación infantil, desea imponer un criterio de irrespeto y pretende explicarles a las mujeres cómo se debe manifestar. Vaya suerte de perverso que refleja, precisamente, ese pensamiento patriarcal en su comportamiento.

En síntesis, Raúl también se convierte en un arquetipo de macho, quien al no aceptar contracomentarios críticos por su columna del sábado 22 de octubre, “”El empelotamiento como protesta”, se dio a la tarea de insultar a quienes “en nuestras cabecitas”, emitimos criterios de respeto hacia las mujeres.

En las redes sociales, donde compartió su opinión, terminó bloqueando a todas aquellas mujeres, quienes con dignidad y arrojo le reprocharon su comportamiento machista y a los hombres que acuerpamos este planteamiento. Él se quedó con los aduladores y otros machos irrespetuosos, quienes no aceptan comentarios propositivos y menos desean la equidad entre géneros por su mentalidad patriarcal, pero se pavonean como hombres “muy progresista”.

Lo terrible del tema no es que nos bloqueé de su red social, lo dramático es que como Raúl de la Horra todavía hay miles de hombres que tildan a las mujeres de “histéricas” y peores insultos como feminazis, porque ellas exigen sus derechos en equidad dentro de estas sociedades patriarcales.

Todavía tenemos mucho que aprender los hombres, por ejemplo el respeto –sororidad– de las mujeres, ellas son la construcción del mañana cargado de dignidad para todas y cada uno.