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Elecciones USA, nuevos aires para un caos anunciado

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Originalmente la columna iba a tratar sobre la composición de los grupos minoritarios y su influencia en los resultados electorales de EUA, pero al leer un artículo de la periodista Amanda Mars en el periódico digital El País de España, cambiaron mis intenciones, porque resalta en su contenido cuatro aspectos a los que me he referido en mis últimos escritos, a modo de resumen, los cito:

El rechazo a Donald Trump ahora en cifras. De acuerdo a Mars, (citando como fuentes The Washington Post y la Cadena ABC) 70 de cada 100 norteamericanos rechazan a este candidato (y de ellos, seis de cada 10 lo rechaza fuertemente con tendencia al alza). Considero que de llegarse al día de las elecciones con estos niveles y si se mantiene la tendencia a la baja, puede proyectarse su derrota. El rechazo es percibido con tiempo y dispara las alertas, por este motivo el candidato trata de enderezar su campaña. Esto provoca el punto dos.

Despide a su también polémico jefe de campaña Corey Lewandowski. Aunque en términos amigables le dan las gracias, se da por sabido que ya no se concuerda con los mensajes y actitudes prepotentes y abusivas del candidato. Es probable que se produzca una mutación hacia una actitud más mesurada antes de arriesgarse a un rechazo más fuerte por parte de los votantes. Si estamos en lo correcto, se deberá observar una disminución en la agresividad de la campaña con el objeto de lograr una imagen más amigable.

Creería que el esfuerzo deberá ir encaminado a superar los obstáculos que impiden al elector percibir dos características fundamentales, con el agravante que estas deficiencias son parte de las fortalezas de su contrincante demócrata:

No tiene, y le es difícil alcanzar un perfil presidencial. En otras palabras, actuar y hablar más como Presidente, alejado del ataque y la diatriba (estas actitudes agresivas son más efectivas en mítines que a través de los medios de comunicación) y mostrar un lado menos agresivo, no solo su parte volátil y vulgar.

Mostrar sus triunfos como empresario, ciudadano y persona.

El Partido Republicano acepta –a regañadientes– la candidatura. Contra todo pronóstico, Donald Trump rompe con la línea conservadora del partido. Nunca antes como ahora un candidato fue tan despiadado con sus comentarios, tanto para con sus rivales internos como de afuera del partido y hasta contra países amigos. Muchos correligionarios, como Marco Rubio, cargarán el malestar y la molestia por haber sido humillados.

La tendencia sobre la intención de voto favorece a Hillary Clinton. Pero la diferencia a favor de la figura demócrata parece no superar la barrera de los seis puntos porcentuales, situación que aún no le garantiza la victoria. La novedad es que la mayoría de las encuestas coinciden en ese dato.

Como corolario, con algún margen de seguridad en el planteamiento, puedo decir que el perdedor de esta contienda también dará por finalizada su carrera política. Esta es su última oportunidad, ya que ambos llegarán al término de la jornada con un desgaste significativo. Uno tendrá que lidiar con ese desgaste desde la presidencia y el otro dedicarse a escribir sus memorias. Para Trump este es su momento histórico, pero la tolerancia tiene un límite. Para Clinton, los años de ejercicio político son su fortaleza, pero también una pesada carga. Para ella también es ahora o nunca; no podrá repetir esta jornada. Presumiblemente tiene a su favor el hecho de ser la primera mujer que aspira a la presidencia de los EUA. De lograr el triunfo, sería la segunda vez consecutiva que los demócratas escriben una nueva página en la historia política de la nación.