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Endémico, nada más

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Cuando vemos las noticias llenas de cuestiones extremadamente violentas que rayan en lo infernal, nos preguntamos si acaso hay salida, si acaso hay solución para nuestros males cotidianos, que lenta pero seguramente han ido tomando formas cada vez más tenebrosas. Esa decadencia sistemática es producto de generaciones y generaciones de una cultura de opresión y violencia histórica, que tuvo sus orígenes en la dominación colonial.

Ese folclor formado a través de la historia, y la falta de principios que se germinó desde varias generaciones atrás, fue creando las condiciones para que los hechos más aberrantes en contra del ser humano tengan lugar en el diario vivir, como si fuesen parte del paisaje, y como si acaso ese fuere el destino de nuestro país según el plan de Dios.  En todo caso, el plan de Dios se basa en darle libre albedrío al ser humano, para que aprenda a ejercer su libertad con responsabilidad.

Es por ello que la opresión, que es producto de la violencia, y la transformación de esta en lesiones al patrimonio de los demás, que llega a delitos contra la vida; constituyen ramificaciones que resulta difícil de controlar, especialmente porque son pocos los casos en los que se rompe ese ciclo sistemático que parte desde el egocentrismo, pasando por la irresponsabilidad extrema, hasta llegar a aceptar la cultura de la muerte por violencia como algo cotidiano, que se ejerce por parte de cualquiera.

Tenemos una manera primitiva de contemplar el problema. La cuestión no radica en construir cárceles, ni en aumentar por medio de la misma violencia institucional los ingresos tributarios, con el pretexto de brindar seguridad, sino radica en un tema de eminente formación personal de cuna, que lleva no menos de seis generaciones de retraso. En promedio, hay más muertos por violencia en la era democrática actual que durante la época de nuestra peculiar guerra civil.

Podemos romper ese círculo, dado que la causa de la violencia casi siempre es patrimonial. La cuestión es si acaso estamos dispuestos a ceder.