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Franquicias y sus riesgos

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Una franquicia es comprar el derecho a operar un negocio ya conocido, y en parte garantiza que al usar la marca, nuestra inversión tendrá un resultado positivo. Hasta allí esta muy bonito todo, pues en lugar de gastar tiempo en generar una marca y crear un sistema de producción, compramos lo que ya está hecho.

Sin embargo, debemos considerar que todo el trabajo que se realice bajo la marca será para la misma, o sea, ninguno de los esfuerzos realizados creará una acreditación a nuestro favor. El tiempo y los recursos invertidos van directo a la marca que nos concede la franquicia. El problema se complica cuando hay que terminar el contrato, pues no tenemos nada a nuestro favor, y todos los derechos y acreditaciones van para quien dio la franquicia.

La opción de comprar una franquicia es una alternativa de negocio, pero debemos aceptar que al no ser nuestra la operación, nuestro trabajo, esfuerzo y dedicación pasarán a manos del propietario. Por supuesto que esto depende del contrato establecido, porque podemos estipular que al finalizar el contrato, el negocio pasa a nuestra posesión, siempre y cuando podamos operarlo con las mismas características.

El mayor riesgo será perder los clientes y los recursos en el momento de terminar la relación con la franquicia, el problema crece cuando es una marca que fue desarrollada junto con el franquiciador, y al final no podemos reclamar derechos; claro que en estos casos se deberá luchar y batallar por lograr un acuerdo justo, que reconozca en parte el trabajo de quien recibió la franquicia y la desarrollo.

Al final podemos concluir que lo mejor siempre será desarrollar nuestras propias marcas, o bien tener contratos que nos protejan ante situaciones no esperadas, o contextos no considerados en esta relación.

Esto de la franquicia es como un matrimonio que al final termina, y alguien se queda con la mayor parte y deja al otro en la escasez, todo negocio debe cumplir con la regla de ganar-ganar, ya que esto es lo que genera la armonía.

Pidamos a Dios sabiduría cuando hacemos negocios, para evitar trabajar por otro sin tener una justa parte, y pidamos fortaleza para luchar las batallas por la justicia en los negocios, pues solo el diligente y el perseverante prevalece.