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Incendios forestales

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Uno de los problemas ambientales de mayor riesgo por su magnitud, frecuencia y extensión de tierra afectada son los incendios forestales o incendios silvestres. Por sus efectos se catalogan en:

  1. De tipo ambiental, comprende el daño al manto vegetal, la contaminación de las cuencas hidrográficas, la biodiversidad, y una desafortunada contribución al cambio climático, no solo del país donde se produce, sino mundial. Empero, con el correr del tiempo, la naturaleza es benigna ante el desastre; el suelo, la flora y fauna perjudicada, a veces décadas después, (si no se da la desertificación o la presencia de plantas invasoras) reinicia su ciclo, aunque probablemente con patrones distintos en la recuperación de los árboles, el mecanismo de adaptación de las especies y la movilidad animal hacia otros ecosistemas.
  2. De tipo social, que se traducen en las pérdidas materiales de todo tipo, incluyen las cadenas por las oportunidades laborales y productivas, y derivado del problema atmosférico, pérdida de calidad de vida.
  3. Del azar y la naturaleza en una alianza invisible, un rayo puede generar un incendio.

Los incendios forestales suceden por varias razones, el clima entre ellos, cuando está seco y caliente (concuerda con periodos más o menos prolongados de sequía), y la rapidez en la propagación de las llamas, que se debe a lo que se conoce como efecto 30-30-30, esto es, más de 30 grados centígrados de temperatura, vientos de 30 kilómetros por hora y humedad en el aire de 30%.

La condición humana también juega una doble responsabilidad en la provocación de los incendios, en unos casos la desidia, negligencia, pereza, o un simple descuido al encender o no apagar correctamente una fogata en un día de excursión, o tirar sin precaución las colillas de cigarrillos. También están los incendios provocados en las superficies agrícolas o ganaderas que en muchos casos, se salen de control.

Pero lo que sí es grave son las personas cuya malicia, sea por una enfermedad mental o simple juego de irresponsables, provoca los siniestros. No les importa la magnitud o la devastación de grandes extensiones de tierra, que se ponga en riesgo a la población y sean incuantificables las pérdidas, tanto económicas como ambientales. La perversidad en estas personas piromaníacas es como un juego de niños.

Desde la década del 2000 a la fecha, se dieron múltiples incendios en todo el mundo, siendo los más severos los que se dieron en por lo menos 10 estados de EE. UU, España y Chile,  que  desde mediados del año pasado afronta la peor emergencia nacional de su historia: En una cuarta parte de todo su territorio se han generado 2,811 incendios, que dejan 226 mil hectáreas devastadas.

En Guatemala, de acuerdo al INAB, en 2013 se registraron 330 incendios. De ellos, 279 fueron forestales, dañando 4 mil 29 hectáreas. Los departamentos más afectados fueron Zacapa, Baja Verapaz, Petén, Jalapa, Quiché y El Progreso.

Según los datos del Sistema Nacional de Prevención de Incendios Forestales (Sipecif), en la temporada 2014-2015 se duplicaron los incendios con respecto al año anterior; se llegó a 610, que dañaron 11 mil 220 hectáreas.

En 2016, hubo 598 incendios, de los cuales 434 fueron forestales. El total de área afectada fue de 26 mil 200 hectáreas. En Petén los incendios fueron tan severos que el Gobierno declaró el Estado de Calamidad.

En el país prevalecen los incendios intencionados, las autoridades estiman que gran parte de estos son provocados por venganzas, narcotráfico o conflictos de tierras, entre otras causas.

Simples consejos  para evitar una tragedia:

  • Si no puede abstenerse de fumar, controle fósforos y colillas.
  • Acampe con precaución en lugares autorizados, y tenga control de la fogata con un recipiente de agua disponible.
  • No haga quemas sin autorización.
  • Evite dejar residuos de metal o vidrio.
  • Informe a las autoridades lo que estime sospechoso de formar un incendio.