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La diferencia de conductas electorales

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 En los primeros días de este mes, se celebraron las elecciones para presidente y vicepresidente en dos países del continente americano, Estados Unidos de América y Nicaragua, pero con una gran diferencia de comportamiento.

En Estados Unidos, los candidatos Hillary Clinton y Donald Trump, cuando se enfrentaron en los tres debates, se dijeron hasta de lo que se iban a morir. Trump fue cáustico y amenazante, y en los tres eventos las preferencias eran para Clinton.

Por ello, para muchos fue una sorpresa que Donald Trump triunfara en las elecciones, pues en las encuestas, se daba por sentado, con poca ventaja, el triunfo de Hillary Clinton, ya que tiene más conocimiento y experiencia en el manejo del ejercicio público a nivel nacional e internacional, pero eso no le interesa tanto al ciudadano norteamericano común y corriente, su preocupación es cómo sale adelante el país, y cómo se mejora su situación económica.

Todos los países de América Latina tienen el mismo comportamiento, a excepción de algunos que se han superado como Chile y Costa Rica, en el resto, se hace lo que se quiere.

Lo excepcional de los opositores como el presidente Barack Obama y la candidata Clinton, es que al conocerse los resultados expresaron urgentes llamados a la unidad nacional, en un esfuerzo por garantizar una tranquila transición de mando y ambos se pusieron a la disposición del futuro presidente para trabajar en beneficio de su país.

Por el otro lado, en Nicaragua se celebraron las elecciones las cuales desde su inicio se mostraron falseadas, porque el presidente Daniel Ortega se reeligió por tercera vez y de acuerdo a la Constitución de Nicaragua no podía ser candidato porque ya había ejercido por dos períodos presidenciales. No contento con esa violación constitucional, se hizo acompañar de su esposa Rosario Murillo como vicepresidente, quien también tenía impedimento constitucional, por haber parentesco de afinidad. Empero con una guizachada las autoridades electorales le dieron luz verde a ambas candidaturas.

Además los otros candidatos que participaron, lo hicieron para dar una falsa apariencia de democracia, pues se prestaron a la farsa electoral. Ortega que luchó contra la dinastía somocista, está haciendo lo mismo o peor, lo que ha provocado preocupación entre los opositores porque no los dejó participar libremente, pues sabía que si daba elecciones libres y democráticas, perdía su reelección.

En conclusión, hay que aprender de los estadounidenses que nos dieron una lección, hay que anteponer los intereses de la Nación a los intereses personales y de partido como sucede en la mayoría de países latinoamericanos.