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La medida de todo

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Nuestros juicios de valor siempre van apegados a las creencias o actitudes que asumimos como correctas o incorrectas, según sea nuestra situación personal y la sociedad que nos rodea. Eventualmente tenemos sentimientos de pertenencia que nos hacen sentir identificados con algo o alguien, en la misma medida en que aceptamos o congeniamos con tales creencias, o en la medida en que las rechazamos.

En esa misma medida hay ciertos factores personales que nos hacen emitir juicios de valor hacia cosas y personas, y opiniones basadas en nuestra experiencia personal y en las cualidades que solemos apreciar en las demás personas al interactuar.

La medida de lo que conocemos y valoramos somos nosotros mismos, en la misma escala de principios y valores que poseemos, de modo que en esa misma medida le ponemos una calificación moral a los aspectos cotidianos de la vida, así como a temas económicos, religiosos, políticos y culturales.

Así es como separamos lo correcto de lo que consideramos incorrecto. De esa cuenta surgen normas sociales o leyes en el aspecto jurídico que nos incumben a todos. De la misma manera, la opinión de temas de interés público o político no debe ser un tabú, en cuyo caso la asunción de una postura es moralmente obligatoria en la misma medida en que nuestra posición nos pueda ayudar a mejorar nuestra calidad de vida.
Es allí donde cobra mucha importancia lo que usted piense de la autoridad, a nivel político, y la posición que esa autoridad asuma en función del nivel que se requiere para ocupar un alto cargo.

Irónicamente, en nuestro medio tales roles se invierten, dado que solemos evitar la crítica política, ya que consideramos que no sería de importancia, y la autoridad persiste siendo no apta en función de que los funcionarios públicos suelen ser poco idóneos para los cargos que ocupan. Nosotros somos la medida del funcionario gubernamental que tiene la convicción de ser invulnerable ante la opinión pública, y al mismo tiempo creemos que cualquier crítica contra tal autoridad sería ineficaz. ¡Quizás ya no!