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La patente de Dios por la Virgen de Guadalupe

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Tengo una necesidad urgente de reflexionar con ustedes sobre los temas políticos locales: véase, por ejemplo, la corrupción del hijo del presidente o la actitud de violencia de una supuesta analista en el orden político, quien cree que con insultar la identidad del guatemalteco se forma opinión social. Son temas relevantes, sin embargo el caso de corrupción del hijo del presidente cae por su peso, es culpable y hay que condenarlo; por aparte, comentar sobre la susodicha es perder mis palabras.

Así que mejor tomo el espacio para compartir una situación crítica que vive nuestra sociedad a nivel mundial, una que se empieza a posicionar de manera rapaz sobre la fe.

En ese sentido, debemos comenzar por una de las premisas fundamentales de nuestro sistema y es que todos y cada uno comprendemos y avalamos la propiedad privada. Esta condición, la de ser propietario, nos da libertad —afirman los teóricos del sistema— para tener nuestros derechos. Sin embargo, en nombre de la propiedad privada, pues, los humanos ejecutamos las acciones creativas más precisas o los actos más canallescos. Para quien no lo crea, les confirmo que las guerras sirven para despojar al vencido de su propiedad.

Un ejemplo reciente fue cuando los Estados Unidos invadieron Irak con la mediocre justificación de una posible amenaza nuclear o de armas bacteriológicas; al final la verdad se rebeló y en ese pueblo de montes pelados y cabras no existían ni armas nucleares ni de ningún tipo. Fue una psicosis que los teóricos del Pentágono con los caballeros de la CIA crearon para arrebatarle el petróleo —que sí hay en la región— a los habitantes de Irak.

Espero que el ejemplo anterior quede claro y no me aparezca un ingenuo diciendo algo sobre la religión o el terrorismo, esas especulaciones ,querido lector, son humo de analistas sin ningún criterio. Lo que sucede, en la actualidad, en nombre de la “sacrosanta” propiedad privada no tiene límites.

Para quienes no conocen, existe una empresa multinacional, con grandes influencias en todas las esferas políticas de los Estados Unidos, llamada MONSANTO. Esta empresa ha creado una lógica rapaz al patentar, como propiedad privada, los alimentos básicos, véase el maíz, la avena, la papa y otros. Monsanto con esta disposición legal, al ser la dueña de la patente, obliga a los agricultores, en todo el mundo, a consumir sus semillas y quienes se oponen son aniquilados legalmente. A quien le interese el tema puede ampliar sus conocimientos en el documental, Cowspiracy.

Entonces, es grave patentar los alimentos básicos de la humanidad por parte de una sola empresa en el mundo, Monsanto. Además, estos empresarios se han encargado de destruir países enteros por la avaricia del dinero.

Pero el giro, sobre la propiedad privada, es dramático cuando un grupo de empresarios japoneses, siguiendo la lógica del sistema, patentó la figura de la Virgen de Guadalupe con sus respectivos derechos de copia; es decir, se va a desarrollar una industria propietaria de la Virgen Morena que será la encargada de crear todos sus amuletos y demás artilugios de la fe; nadie más lo podrá hacer.

Patentar la fe de esta forma es grave, porque la fe es un intangible de la humanidad, creada por la necesidad espiritual de algunos humanos para tener un asidero sobre el mañana, la muerte o su ética. Pero si se orienta la fe a un solo criterio se corre el riesgo de perder el equilibrio entre el consuelo extraterreno y la avaricia humana. ¿Qué opina usted querido lector? ¿Qué debemos hacer con la fe?