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La pena de muerte

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Entre las conocidas frases y expresiones en la obra de J. Goldberg, encontramos una útil para el tema que tratamos: “Más vale que diez culpables estén libres a que un inocente sea condenado”.

Las primeras reflexiones que asumimos son puntos de discusión en el imaginario social: ¿Crueldad o justicia?, ¿Disuasión o castigo? En cualquier dirección que se mire, implica en forma severa, la imposición de un castigo por delitos graves e incluso, como ha sucedido en más de una oportunidad, si bien se ha ejecutado a los criminales más aberrantes, también se han cometido errores irreparables.

En el momento actual, 140 países han abolido de sus leyes la pena de muerte, alrededor de 58 naciones tienen la pena de muerte como ley vigente, y 25 la aplican de diferentes formas: inyección letal, cámara de gas, ahorcamiento y fusilamiento. En algunos países, como Arabia Saudita, aún está vigente la lapidación; esto es, la eliminación de la persona condenada a base de golpes, pedradas, etc., ejecutada por la sociedad  misma.

Algunos casos trascendentes: la muerte de Cristo en la cruz; los Reyes de Francia durante la revolución; el juzgamiento de los criminales de guerra  nazis; en EE. UU. el caso de los esposos Rosenberg y de los anarquistas Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti, aunque fueron exonerados simbólicamente casi medio siglo después de su ejecución.

En 2015 fueron ejecutadas alrededor de 1,600 personas.  De este total,  977 fueron en Irán, en estas se incluyen muerte por ahorcamiento a mujeres y niños. Pakistán ejecutó a 320 por ahorcamiento y el tercer país con mayor número de ejecuciones fue Arabia Saudita, con 158 que incluye algunas víctimas por lapidación. Los EE. UU., con 53 condenas impuestas, ejecutaron a 28. China rompe todos los índices, se estima que alrededor de 1000 personas son ejecutadas al año.

De acuerdo a las investigaciones de Amnistía Internacional, 98 países abolieron completamente la pena de muerte, 7 la mantienen como un castigo para crímenes excepcionales, 35 la mantienen en sus normas pero no la aplican en la práctica, y 58 aún la aplican en caso de crímenes comunes. En América, los países con pena de muerte en sus  constituciones son: Antigua y Barbuda, Bahamas, Barbados, Belice, Cuba, República Dominicana, EE. UU, Guatemala, Guinea, Guinea Ecuatorial, Guyana, Jamaica, San Cristóbal y Nieves, San Vicente y las Granadinas, Santa Lucía y Trinidad y Tobago.

En Guatemala, a lo largo de su vida republicana, a excepción de dos cortos lapsos, siempre ha existido la pena de muerte. En la historia reciente, en 1982 se llevaron a cabo 4 ejecuciones; 11 en 1983; 2 en septiembre de 1996 por fusilamiento; una en 1998; y 2 en el año 2000, las tres últimas  por inyección letal.

El Código Penal estipula este castigo para los delitos de parricidio, homicidio con circunstancias agravantes y, magnicidio del presidente y/o vicepresidente. Su aplicación es preceptiva por la violación de menores de 10 años, con resultado de muerte, casos de secuestro cuando la víctima es menor de 12 años o mayor de 60 años, cuando esta muere o sufre lesiones físicas graves, o un trauma  psicológico permanente

Cualquier decisión que tome el presidente de turno en cuanto al tema abrirá dos frentes automáticamente: los que rechazan y los que aprueban la medida. El aparente punto final a este castigo provino de la Corte de Constitucionalidad quien, en ejercicio de sus facultades, revocó la pena de muerte a 53 personas, dando por hecho, en los subsiguientes casos, que está vigente como ley, pero no es aplicable.

Las preguntas son: ¿La pena de muerte es un paliativo; una  solución o una forma de revancha contra los antisociales?, ¿Qué efectos logra en las sociedades donde es aplicada?, ¿Habrá una forma más efectiva para lograr la eliminación de la violencia social?

El debate sobre si la pena capital cumple o no su función ha estado abierto desde hace más de 100 años. En este punto creemos oportuno plantearnos: ¿Cuál debe ser la función de la aplicación de la pena de muerte? Nuestra primera respuesta apunta a una doble interrogante: ¿Lograr un  paliativo ante el flagelo de los crímenes, o ejecutar un castigo ejemplar a quienes los cometen? Posiblemente, nuestra opinión despierte algún tipo de incomodidad y rechazo a quienes se oponen a este tipo de castigo. Pero en verdad, nuestro país corre el riesgo de enfrentar un colapso social y, por consiguiente, para evitarlo se deben aplicar medidas de choque: La pena de muerte es una de ellas, no es un disuasivo, es un castigo ejemplar a quien cometa los ilícitos contemplados para su aplicación. Entiendo que hay más posiciones porque este castigo sea proscrito de nuestra leyes, pero hasta que no se tenga un clima social más benigno, esta debería ser una opción para contener la embestida de los antisociales.