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La violencia, el recurso de los inútiles, entre Thelma Aldana y Byron Lima

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Estalla una bomba en Francia y todos nos desgarramos las vestiduras y condenamos las atrocidades de los atentados terroristas. Nos vestimos con la bandera del país y gritamos a los cuatro vientos nuestra indignidad, expresamos que esos seres malvados quieren destruir nuestro estilo de vida.  Esos, los otros, son los locos desquiciados que no aceptan la vida y sus bendiciones, a nuestro dios y todo lo bueno que tiene nuestra sociedad.

Así gritan –desde las redes sociales– y con maldad dejan sus justificaciones como constancia de que las entrañas de otros seres humanos les importan menos que una nada. NO se inmutan, por ejemplo, ante un río de sangre en las calles de Siria porque el malvado presidente francés mandó a bombardear una ciudad completa como un acto de dudosa defensa contra los terroristas; en esas calles donde cayó la pólvora habitan niños, jóvenes, esposos, abuelas, madres, en fin, seres humanos.  Entonces, solo los imbéciles pueden creer la declaración del presidente francés, porque un país –como Siria–  no es una sociedad de terroristas y solo los idiotas que miran CNN y los noticieros occidentales pueden llegar a pensar una cosa tan estúpida. Pero a mi pesar, miles de seres humanos que lo creen así, porque su parcela esta resguardada en este momento.

Pero los seres malvados que intentan resolver con violencia existen en todas partes, como ejemplo, el pañuelo de lágrimas que es Guatemala. Por estos días circuló la información que un grupo de corruptos empresarios y unos miserables militares se unieron para contratar a un sicario internacional, quien debía asesinar a la fiscal general Thelma Aldana y al periodista José Rubén Zamora. Estos empresarios y militares acostumbrados a obrar con violencia no les importa asesinar a una persona más, si en sus prácticas humanas han matado a miles y miles para sostener una estructura de despojos durante cientos de años. Entonces, en la mentalidad de estos canallas existe –porque lo oí una vez– “cómo es posible que esta barrendera –se refieren a Thelma– pueda molestarnos”. Más claro no puede quedar el mensaje de racismo, clasismo, discriminación y la forma peyorativa de estos grupos, quienes creen que todos deben estar a su servicio.

Pero para que en el tablero de la ambición y la maldad –de los empresarios y militares– exista el equilibrio terminaron asesinando al sicario Byron Lima. La torpe justificación que circuló en la prensa nacional fue por el control carcelario, ya que él fue el preso con más poder, así nos narran sus hechos. Lo real es que al filo del orden pre establecido, los grupos de dominio arcaico se empezaron a mover para reordenar –otra vez– a su el país beneficio y tengo la clara certeza de que Lima tenía información precisa que vinculaba a varios personajes con otros crímenes. Lima lo sabía porque fue un operador de sicarios. En consecuencia, la hipótesis principal de su asesinato es que no le llegaron al precio para que se mantuviera en su bando de malvados y, por ende, como torpes analistas terminaron aplicando aquel refrán, “muerto el perro se acabó la rabia”.

Por eso, querida persona que lee estas notas, la violencia es el recurso de los inútiles. Los que aplican la violencia desde cualquier posición, que puede ser un terrorista, hasta el presidente francés o los empresarios y militares del país, nos están condenando a repetir y vivir con miedo, porque su actitud que va en contra de nuestra dignidad. Pero ellos –los poderosos del metal– no lo van a comprender, porque los beneficios que les deja esa violencia son muy grades.  Nos queda, como recurso, la bondad y como diría el premio nobel Saramago, “ojo por ojo el mundo se quedará ciego”. Yo otorgo estas palabras como acto de fe para que la violencia no sea el recurso de nuestra sociedad y todos podamos vivir en paz.