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Los estertores de leviatán en Facebook

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Los creyentes dogmáticos de cualquier doctrina religiosa son el necesario atraso de la humanidad. Ellos con su torpeza radical han logrado que un reducido número de personas, en contra posición al dogmatismo que practican, reflexionen y propongan nuevas explicaciones del origen del universo o la vida.

Por ejemplo, los llamados cristianos de cualquier denominación son las personas más conformistas, ellos gritan aleluya al ritmo que les impone su pastor. Como mansas ovejas conducen sus vidas por una senda sin dudas, donde todo lo que acontece o deja de suceder es obra de su dios. Muy bien por los que desean vivir así. Pero su fanatismo es tan radical y cerrado que no pueden comprender porque el universo es más ancho que la certeza de su dogma o porque los cometas regresan en órbitas elípticas en la vía láctea; o por qué los murciélagos son mamíferos. Total, para este grupo de personas eso no importa. Lo único que deben saber es que su dios existe y que un pastor les dirige su vida. (Definición de pastor, ser humano con cualidades oratorias sobre una sola idea). Aparte, esos humanos en su fe creen en lo invisible y lo mágico justifica sus vidas e incluso usan la violencia para imponer sus creencias. Basta recordar las cruzadas o el terror por  la fe en la conquista de América.

Allí su virulento fanatismo los hace atacar a todos aquellos que no gritan amen al compás de su simplicidad. Hoy en día, en las llamadas redes sociales, aparecen con sus testimonios tal cuentos suprarrealistas, donde por arte de la magia de su dios, según sus conocimientos y comentarios, algo milagroso les sucedió. Le reiteró estimados lectores, felicitaciones por ellos y por los que desean creen que así es la vida o el origen del universo.

Aquí está el detalle, diría el cómico cantinflas, es cuando le intentan imponer a otros su criterio y si uno no responde o por respeto evita la confrontación lo insultan. Me sucedió el otro día que un hermano de la fe protestante, porque yo no compartía sus dogmas, me terminó diciendo que tenía “cara de pija”. Fue cuando le argumenté que el irrespeto era parte de su doctrina y que me debía una disculpa. Obvio me volvió a insultar y dijo que él solo a dios le pedía perdón. Entonces, le argumenté que dentro de su concepción religiosa, todos somos criaturas de dios, por ende yo era parte de su dios. A lo cual, entró al debate otro hermano cristiano, que escribió “quienes solo los que buscan la fe son salvos.” (Un poco enredada su sintaxis).  En consecuencia, desde la construcción ontológica, les expuse que dadas dos categorías contradictorias de su fe, es decir de su dios, se invalida la doctrina.  A lo cual me llamaron pecador y esas peroratas que tienen los fanáticos cuando no tienen argumentación. Con la prudencia del caso me retiré de la estéril polémica, pero le puse el punto final sobre mi tesis del respeto.

Entonces, el hermano cristiano me comentó en qué universidad estudiaba yo para tener tesis. Ante tanta ignorancia, no tuve voluntad para argumentar. Pero, para usted lector, una tesis es el resumen o síntesis de una idea, es la conclusión para explicar algo de forma directa. Por lo que sostengo mi tesis,  los cristianos dogmáticos son las personas sin respeto en sus vidas y leviatán, ese monstruo mítico de la biblia, expone –desde sus creencias– los estertores finales de una fe religiosa; ésta se agota por su intolerancia. Además, porque hay un grupo de personas que se explican la vida y el origen del universo desde otras perspectivas y sin la necesidad de imponer sus criterios por la violencia como lo hacen los cristianos.