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Los mediocres mentirosos

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Los mediocres son esas personas arrogantes y vacías, quienes suponen que lo saben todo, aunque su limitada o nula capacidad los califica únicamente para agredir a otros seres humanos.

Son personas con prejuicios, cargadas con taras como el racismo o la xenofobia. Odian a todos aquellos que emigran para sobrevivir, pero se les olvida que su abuelo fue un ser humano, quien cruzó algún océano para subsistir.  Se burlan de todas las personas que tienen un tono de piel oscuro, porque ellos, según sus ideas son los seres puros, como el racismo de Donald Trump.

Los mediocres –en su infinita arrogancia– se pasan insultando a su prójimo, sin comprender, porque no tienen la capacidad, que su ser malvado niega la vida misma.

Querida lectora o lector, los anteriores párrafos podrían ser nada más una especulación filosófica sobre estos seres malvados. Sin embargo, tienen sentido cuando nos acordamos que en nuestras vidas hay o hubo un jefe o jefa con esas características en su personalidad y que por principio nos agredió o agrede.

Pero se vuelven personajes nefastos cuando comprendemos que, por su posición arribista y mentirosa, han dirigido una parte de los gobiernos o empresas de nuestro país. Su injerencia directa en la política empresarial o estatal y su irresponsabilidad  absoluta ha creado esta crisis que nos toca vivir cada día. ¿Conoce a algún diputado con esas características?

En nuestro país, los mediocres son tan limitados intelectualmente que, en su perorata, repiten frases como “no confundamos la magnesia con la gimnasia” y creen que eso es hacer análisis social. La frase es por demás estéril y sin sentido, pero en su comprensión de la vida funciona, porque para ellos su fórmula es la violencia  y así se resuelve todo.  Por eso son sujetos siniestros, quienes siempre están armados.

Además, los mediocres son chismosos, se calumnian entre ellos y dicen “¿ya viste que a Baldizón le escribieron la tesis para su doctorado?”. Pero al rato los ves haciendo tratos para que alguien les escriba “sus trabajos”, porque no tienen la capacidad para desarrollar una tesis. Porque quieren presumir títulos como los negocios leoninos que realizan a través del chantaje o violencia, que los califican como cualquier extorsionista.

Los mediocres son rapaces y afirman que desplumar a cualquiera, haciéndole un trato leonino, super ventajoso a su favor, es ser un buen comerciante. Porque su lógica es comprar barato para vender caro; simple como su pensamiento. De esa cuenta, un mediocre jamás pensará en el desarrollo de la agroindustria para el país. Estos conformistas creen que explotar campesinos, pagándoles menos del salario establecido, es la fórmula correcta de crear el capital, aunque mendiguen en las empresas internacionales por unos centavos. Es más, los he oído repetir que “a las mujeres en el campo se les debe pagar la mitad porque son mujeres.”  Ah, seres malvados, me he repetido.

Los mediocres son arribistas e incapaces de desarrollar cualquier industria, pero si pueden se apropian de marcas establecidas para usarlas como métodos de chantaje para obtener beneficios sin haber trabajado. Recordemos el registro de las marcas de cerveza en nuestro país.

Estos mediocres que se autodenominan empresarios, analistas, académicos, críticos y más, son apenas un vago reflejo de una persona egoísta y en su ambiciosa mentalidad nunca, –NUNCA– van a comprender que están sujetos a la extinción social.  No han entendido que  los procesos culturales han creado la convicción sobre el bien común y la solidaridad grupal sobre el egoísmo del mediocre, quien además, miente para mantener su posición de mediocre.