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Los posibles nominados, entre la incertidumbre y el rechazo

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Había apuntado, en el último artículo, que Donald Trump y Hillary Clinton serían los nominados, y que la campaña se movería en relación a tres ejes: a) La inconformidad del electorado con el status quo, b) Esta será la campaña más agresiva de todas y c) el elevado nivel de rechazo de las dos figuras como posibles nominadas.

En cuanto al primer punto, Trump y Hillary como nominados, tienen fuerza política pero a su vez, la incertidumbre pende sobre cada uno. De Trump no se estará seguro hasta que la dirigencia partidaria lo apruebe y se convalide en la convención. De Clinton, su único oponente es Bernie Sanders, y aunque sus posibilidades matemáticas tienden a reducirse, insiste en llegar a la convención. Tiene una alta convicción política, capacidad de convocatoria, y dominio de una buena parte del electorado joven, busca la nominación ya sea a través de un repunte en los votos de los delegados o aprovechar el elevado índice de rechazo que tiene Clinton. De esas dos últimas cartas, una se la jugará en el último supermartes: el 7 de junio, cuando en seis estados habrá primarias o caucus; y la segunda carta será en la convención, presentándose, aun sin tener la mayoría de delegados, como la única opción capaz de vencer a Trump, avalado por los estudios que así lo demuestran, aparentemente tratando de obligar a el giro de los superdelegados.

A la fecha (24 de mayo), de los 2 mil 383 delegados que se necesitan, Clinton suma 2 mil 291 (incluyen 524 superdelegados) y Sanders 1 mil 528 (40 superdelegados). Como puede observarse, Clinton está a 92 de ser nominada, mientras que Sanders necesita 855. Es en el cambio del voto de los superdelegados donde Sanders peleará su último chance.

Por el lado republicano, de 1 mil 237 delegados, Trump ya sin oponentes, suma 1 mil 103, faltándole 134 para asegurarse la nominación, siempre y cuando la convención lo apruebe.

Trump y Sanders, cada uno por su lado, han creado un ambiente de disconformidad con el electorado, han acentuado las necesidades insatisfechas y la negación de las oportunidades. Los malos gobiernos, afirman ambos, casi en igualdad de términos, son los causantes de todas las dolencias políticas, sociales y económicas, se les ha perdido la confianza y se exige una nueva visión de país. El electorado está respondiendo a esta exigencia, y, por ello, la posición de privilegio de Trump y la esperanza de Sanders.

La campaña de Trump, que no es lo mismo decir, campaña republicana, se basará en el uso y abuso de la agresividad política en todas sus manifestaciones. Este tipo de campaña es el preferido de Trump y se entiende que no cambiará de curso. En su defensa, los demócratas harán lo mismo y con la misma intensidad.

En cuanto al rechazo de Trump y Clinton, tiende a ser 60 de cada 100 electores para ambos. Esta situación atípica ha creado el último espacio para Sanders y su permanencia. En una entrevista dijo que de ser estos los candidatos, sería una escogencia entre dos males y se autopropone como la mejor solución. En la consecución de esta idea, bloqueó, minó y desarticuló todo un proceso de imagen positiva que había creado Clinton en estos últimos años. De paso, generó una crisis interna en el partido demócrata fijándole una nueva dirección ideológica más a la izquierda.

La historia no está del todo escrita, falta el capítulo de las sorpresas políticas.