GuateNews.com

Octubre en la memoria o el hijo del presidente

Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail

La causa noble en la política –sobre el bien común– parece una quimera, es algo imposible en la sociedad global de la actualidad. Esta descomposición humana, tan generalizada en casi todos los países, también está enquistada en nuestra patria.

El arribismo politiquero, en la esfera del Estado, es tan vulgar como universal. Así, los diputados de muchos países, como los ministros, los alcaldes, también los MEDIOCRES presidentes, algunos funcionarios menores o, incluso, los sindicalistas están tan preocupados por su nariz que lo demás no les importa y su mezquindad no tiene límites.

Sin embargo, nosotros vivimos la maldad de esta calaña de personajes en el país, por lo que planteo estas reflexiones. Nos duele, por ejemplo, que el miserable hijo del presidente sea un ser corrupto, igual que su padre; es capaz de robarle –de manera brutal– la comida imaginaria al pueblo. Porque eso de servir almuerzos ficticios en nuestra patria, con los índices de desnutrición tan bestiales, es una burla siniestra, o ¿qué piensa usted de eso, querido lector?

Entonces, la acción ilícita del hijo del presidente representa la lógica del sistema, robar a manos llenas en las arcas del Estado, porque así se hacen importantes, con el oro conseguido de mala forma. Eso explica la miseria espiritual de los arribistas políticos, pero no justifica la maldad de sus actos.

Por eso sé, entonces, que este octubre será, otra vez, un vago recuerdo de lo que no fuimos como patria.  Los ideales de Juan José Arévalo y de Jacobo Árbenz quedaron en el caño de la historia. Estos dos estadistas propusieron crear riqueza para todos;  pero la avaricia de los dueños del capital los aniquiló a través de la intervención norteamericana.

Ese movimiento reaccionario, conocido como el anticomunismo, fue encabezado espiritualmente por el arzobispo metropolitano de aquella época,  Mariano Rossell y Arellano, quien aseveró que los beneficios sociales eran obra del maligno. La sentencia del religioso no es cierta, porque nuestra sociedad actual sí se parece más a la “obra del maligno”, por los índices de maldad y violencia que vivimos, los cuales se crearon a partir de la lógica del capital: el arribismo.

En consecuencia, es bochornoso ver cómo se revuelca nuestra patria en un mar de miserias al grito de sálvese quien pueda. Cuando, por ejemplo, la ministra de salud, hija de una mujer que fue asesinada por trabajar a favor de todas y cada uno, apoya un intento de clausurar nuestros derechos civiles por un berrinche del presidente, o cuando un malvado alcalde, quien no merece que lo mencione, le regala cajas de lustrar zapatos a los niños.

Vaya suerte de canallas que nos gobiernan, lo único que nos dejaron es este grito de esperanza, para que usted se pronuncie con su actitud honrada cada día y que recuerde que este octubre se conmemoran nobles ideales. Un grupo de guatemaltecos soñó con una patria diferente, pero el capital local –en contubernio con los intereses internacionales– la destruyó.

Ese sueño de octubre será nuestra utopía, para que cada una y todos vivamos con dignidad.  Así octubre en la memoria, debe ser la causa para los días del mañana.