GuateNews.com

Pagando el precio

Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail

Cada quien es dueño de sus actos, y cada acto constituye una manifestación del ser, ya sea para bien o para mal; y cada decisión tomada constituye un reflejo de nuestra manera de ver la vida, y de cómo encontramos sentido a nuestra permanencia en el mundo. Hay que buscarle un sentido al sinsentido. Las cosas son como son, y nuestra manera  de actuar es la carta de presentación.

Las cosas tienen un precio, y todo depende de qué tan lejos queramos llegar, y hacia dónde enfoquemos nuestras fuerzas y esperanzas en el diario vivir. Todo es relativo. El precio de buscar la vida que deseamos a nivel individual y como nación necesita de una meta bien clara, y de muchísimo amor propio para multiplicar esfuerzos y obtener la fortaleza que nos lleve a un mínimo de condiciones para buscar esa meta.

El precio a pagar es siempre alto para todas las personas, tanto para el pobre que desea mejorar sus condiciones, como para el rico que debe cuidar el patrimonio. Todos pagamos el precio de lo que deseamos. Inclusive los arribistas y escaladores pagan el precio de endosar la dignidad por obtener lo que desean. Ese precio es quizás el más alto de todos, ya que el arribista cede su dignidad a cambio de metas usualmente poco honestas.

La dignidad es un bien intangible cuya ausencia ocasiona vergüenza, así como le ocurre a mis colegas abogados, quienes todos los días salen en las noticias con una nueva transa y un nuevo robo. Mis pobres colegas siguen sin entender el significado de la vida, y lo ridículos que se ven envueltos en casimires de Dior, pero con el evidente rostro de “nuevo rico” que come sin tenedor.

En todo caso, la diferencia entre el precio que paga el honesto y el deshonesto radica en que el producto obtenido por el honesto es de larga duración; mientras que el deshonesto obtendrá riqueza momentánea, en virtud de que sus logros carecen de bases sólidas que trasciendan en el tiempo, y por ende, su producto es de corta duración.

Ya lo vemos en la vida, el dinero fácil, la adulación y el falso amor son ingredientes volátiles que al perder estabilidad explotan. Por el contrario, la meta que es buscada con amor y valentía tendrá resultados estables y perdurables, sobre todo, la paz interior que es abrumadoramente difícil de lograr.

Cierro el tema con una frase del legendario George Steinbrenner (QEPD), dueño de uno de los equipos de béisbol más legendarios, los New York Yankees: “Trabajar tan duro como se lo pidas a otros. Luchar por lo que creas que es correcto sin importar las posibilidades. Saber que los errores pueden ser el mejor maestro”.