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Precapitalismo y folklore

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A lo largo de la historia humana, las distintas civilizaciones en todo el mundo le han dado cierto rango de valor a los bienes materiales y otro rango de valor a lo espiritual, cuyo conjunto de creencias constituye folklore y cultura. En tal sentido, incluso mucha gente le llama vida alternativa a los estilos de convivencia que se salen del patrón socialmente aceptable, es decir, cuando alguien se sale de los cánones idealizados que la mayoría poblacional profesa casi de manera religiosa. Cada quien puede idealizar valores y principios muy propios que no necesariamente vayan conforme al resto de la multitud.

Es por ello que cuando dicha multitud adopta masivamente ciertos patrones de conducta se constituye lo que llamamos folklore, dado que este se compone por costumbres y creencias de alta difusión y aceptación social en el medio de que se trate. En tal sentido la transformación a la inversa de lo que consideramos principios y valores suele caracterizarnos para bien o para mal. Ahí hay folklore, ya que creemos en algo que nos caracteriza. Ello explica también el desorden social generalizado de los países hispanos que constituimos países precapitalistas, en todo caso países pobres, dado que la importancia que se le da a los bienes es sobre estimada y afecta las relaciones sociales, hasta el punto de volverlas turbias al momento de que un individuo basa su estimación de alguien en función de sus bienes materiales, cuando lo correcto es apreciar la capacidad del individuo para poder evolucionar a partir de su capacidad creadora y de trabajo, lo cual llevaría a dicho sujeto a las posesiones materiales que a todos nos reconfortan.

Por lo tanto, hay una sociedad pre capitalista cuando los roles del individuo y del capital se confunden e incluso se toman en sentido invertido, especialmente si acaso se deja de lado la capacidad personal para crear y producir en beneficio privado los bienes materiales que corresponden.  Es por ello que estamos en el umbral del capitalismo como consecuencia de que nuestro folklore nos lleva por creencias y costumbres mal concebidas, en función de dicha inversión de roles, lo cual provoca abismos entre castas y estratos sociales en donde todos los que ascienden suelen truncar a los de abajo, ya sea de manera consciente o inconsciente. Ello no es capitalismo, sino una deformación de él.

Esa conducta hace que seamos precisamente una sociedad precapitalista, dado que impide el espontáneo crecimiento del individuo, y mantiene una relación entre personas basada en bienes materiales, relegando la capacidad humana de sobreponerse al natural estado de privación con el que el individuo nace. Solo tomemos nota que al nacer venimos bañados en sangre y desnudos, y dependemos de nuestros progenitores para sobrevivir. Nuestro estado natural al nacer es de indefensión.

Es por lo tanto nuestra posterior capacidad de evolución personal lo que debería ser la base de una sociedad capitalista.