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Principios Rectores

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La conducta humana innata da inicio con una premisa esencial: la necesidad de supervivencia. Ello constituye un instinto natural de todo ser vivo, lo cual incluso se puede ver fácilmente en los animales, cuyo instinto de supervivencia los mueve permanentemente.

Esa misma necesidad de supervivencia nos lleva a los humanos a establecer relación con los demás seres vivos de la creación, no necesariamente por que nos simpaticen, sino para asegurar nuestra subsistencia a partir de la interacción con el mundo que nos rodea, el cual en principio, es hostil, ya que los elementos no necesariamente son dóciles, pero es necesario emplearlos en nuestro favor cuando sea posible.

Cuando no sea posible pues, es necesario aprender a convivir con ellos, pero lo cierto del caso es que cada átomo y molécula del universo tiene una razón de ser y de existir.

Partiendo de ello, el mundo entero, así como cualquier muestra de vida, se desarrolla a partir de relaciones entre grupos de subsistencia en donde unos necesitan de otros para sobrevivir. La mejor prueba de ello es que hace miles de años, el ser humano dejó de ser nómada para luego colonizar y dominar territorios, en los cuales se asentaron las primeras comunidades del mundo, que dieron paso a la civilización que actualmente conocemos, aunque con sus inmensas imperfecciones, la humanidad sigue su camino según los principios rectores que cada grupo social estima como valederos.

Lo que un grupo social acoge como principios rectores viene determinado por su historia particular, formada a través de las circunstancias de tiempo y lugar, que fueron moldeando  cada foco de civilización en el mundo. Las múltiples formas actuales de vivir la vida parten de cada cultura, lo cual surgió de la misma antigüedad, en la cual las grandes distancias terrestres y los accidentes geográficos marcaban barreras naturales entre los grupos humanos que poblaron gran parte de Asía y África, en los cuales lentamente florecieron y prosperaron.

Esos primeros asentamientos humanos aprendieron a dominar la naturaleza para servirse de lo que el creador puso a disposición para poder sobrevivir, logrando cobijo, alimento y abrigo, así como un lenguaje común y reglas o principios rectores de cada población particular.

Retornando a nuestra Guatemala, y contrastando con esa relación histórica, resulta abrumadora la persistente y enorme bacteria de corrosión social que prevalece en las relaciones entre la autoridad y la población, así como entre la misma población, cuyos principios rectores parten de la depredación social y patrimonial de unos sobre otros, generando inconformidad por la pobreza permanente, lo cual es un círculo vicioso en función de que la pobreza es el resultado histórico de la violencia capitalista colonial, en cuyo caso, las grandes masas pobres son igualmente usadas por otros capitales que por la vía política ascienden, controlan, crecen y depredan.

 

Hace falta un principio rector indispensable: la sobriedad por encima del artificio.