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En ruta de colisión eleccionaria

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Realizadas las dos convenciones, –Republicana y Demócrata–, se cumple el último requisito formal para entrar de lleno a la campaña electoral para elegir al presidente de los Estados Unidos. Había adelantado que quien tuviera un discurso más convincente llevaría las de ganar en la elección. En forma general, se podría considerar el siguiente resultado: Por el lado republicano, al no tener la convicción de partido, prevaleció el yo, la personificación, el individualismo. Bajo el argumento de una nación amenazada y atemorizada solo hay una sola persona capaz de rescatarla: “yo”, dijo galante Donald Trump.  Los demócratas percibieron esa situación como error o debilidad y apelaron a los suyos como una sola unidad, una sola nación, que explotaron con sus mejores recursos.  Cada orador llevó como consigna la réplica a una parte del discurso de Trump. Incluso, una semana después hay fuertes coletazos que de alguna manera han minado la figura del candidato republicano, provocando serías divisiones internas derivadas por la oleada de repulsión por la crítica a un padre musulmán que perdió a su hijo estado al servicio del ejército EUA.

Es de admirar la estrategia de alto riesgo de Trump, extremadamente calculada: Entrar en conflicto directo, en ruta de colisión con el establishment, en tres direcciones: no pedir apoyo, no respaldar acciones del partido y profundizar las descalificaciones a líderes ancla del partido, de esa cuenta, la exigencia del candidato por la renovación de cuadros.

Apelar a los votantes blancos, a los jóvenes del Tea Party, a los descontentos con las directrices directas de los polos de poder asentados en Washington, con aquellos disconformes con el estado actual de la política, la economía, incluso, la salud y la educación. En general, la visión de país. El voto latino o de cualquier otra minoría aunque no lo aparta de su agenda, le es secundario en sus prioridades.

Esto lleva a una sucesión de microsismos políticos; lo que antes era un imposible, ya se escuchan voces de animal grande: Republicanos por Hillary, dicho y ratificado por figuras emblemáticas del partido del elefante. Sin embargo, no está escrita la última palabra, pueden suceder cambios de actitud del candidato republicano y levantarse más fuerte. La diferencia no es significativa en la intención de voto (Hillary toma la delantera por alrededor de 9 puntos porcentuales), cualquiera de los dos puede ganar la contienda.

Ahora se puede hablar de una encrucijada política, esta semana fue de una oleada de críticas las que, entendemos, deberían de dar un nuevo patrón de conducta. Qué tan difícil debe ser para un candidato a la presidencia de los estados unidos, comportarse como tal. Si Hillary cambio de estrategia al revertir el molde de mujer “perversa y mala” a una consideración de “mujer normal” de “humanizar su perfil de vida”, esto le dio un nuevo sentimiento al votante, ganó adeptos y para algunos indecisos, es un punto no contabilizado en su larga carrera pública. Trump, cual paradoja, le enseñó el camino al cambio, le dijo que hacer y le dio las herramientas. El desafío, es pues, con Trump, la temporada de huracanes políticos han empezado en su casa. En él y nada más que en él, está degradarlos a apacibles lluvias domingueras. El remedio es sencillo: si calla, gana.