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Síndrome de Estocolmo

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En los ochentas esa frase era muy popular en función de la historia verídica de un secuestro en un banco de dicha ciudad, durante el cual los rehenes sintieron afinidad íntima con sus secuestradores, incluso después del suceso, no solo durante el cautiverio sino más allá en el tiempo.

A nivel médico se le suele llamar así a ciertos patrones de conducta que reflejan codependencia de una víctima para con sus victimarios en situaciones de agresión, opresión, violencia física o emocional, lo cual consiste en que la víctima sufre debido a la actitud de su verdugo, pero de todas maneras, siente la necesidad de permanecer en esa relación personal, incluso pudiendo salirse, prefiere mantener la relación a pesar del sufrir.

Lo mismo ocurre con los políticos y las altas personalidades empresariales a nivel mundial, ya que generalmente las masas populares suelen sentir empatía con el nivel de lujo con el que viven ciertos personajes, a pesar de saber o deducir que, usualmente tales riquezas provienen de anormalidades económicas estructurales de los países donde viven, es decir, corrupción y venta de favores para permisos, licencias estatales o leyes favorables que estimulan negocios en detrimento de un justo equilibrio entre población e ingreso per cápita. Ello demuestra la frágil y débil estabilidad emocional del ser humano promedio, que se deja seducir por el poder ajeno que suele admirar, tras lo cual hay un montón de emociones dignas de estudios de psicología y antropología que pudieren determinar la razón por la cual el espíritu humano encuentra afinidad ante la podredumbre.

Esas circunstancias son realmente absurdas, pero en verdad existen y ocurren día con día. En una ocasión, un norteamericano de Texas me decía que George Bush es obviamente admirado en dicho estado, del cual es oriundo, ya que lo consideran un ciudadano notable, a pesar de los rumores sobre guerras estimuladas de manera premeditada de parte de la industria armamentista de Estados Unidos, la cual que posee íntima relación con el mismo Bush. De esa manera, lo vemos alrededor del mundo con la población popular que suele vivir día con día los acontecimientos políticos que se transforman en melodramas periodísticos, en los cuales, los villanos suelen ser insólitamente admirados de la misma manera en que los niños quieren a Mickey Mouse.

Esa relación tonta de admiración hacia un delincuente, la vemos en Guatemala con los juicios hacia personajes famosos que se están dando, ya que la gente en sus relaciones interpersonales del diario vivir manifiesta redención hacia algunos de los procesados de buen ver, gente bien, como suele decirse, ya que sienten admiración por ellos a pesar de que indirectamente, las decisiones que esos personajes han tomado han tenido incidencia nacional en aumentar la pobreza de las grandes mayorías urbanas y agrarias. ¡No seamos codependientes!