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Superando la adversidad I

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Conozco la historia de varios guatemaltecos que han sobresalido de entre una vida difícil por la pobreza en que se encontraban. Entre ellos está Héctor Paredes. Después de haber prologado mi anterior artículo sobre el libro “Superando adversidades” del licenciado Héctor Paredes, entro a comentarlo a mis distinguidos lectores, por la importancia de su contenido y para que conozcan a este personaje que superó grandes obstáculos desde su niñez y adolescencia y ahora es un exitoso profesional y empresario.

Héctor nació en una aldea que distaba 85 kilómetros de la ciudad más cercana, en El Rancho, San Agustín Acasaguastlán, El Progreso, Guatemala. En esa época carecían de lo más básico, agua potable, pero corría un río. Sobre electricidad sólo disponían de seis horas: tres por la mañana y el resto por la noche. En esa aldea las casas no tenían inodoros en su interior, y los animales (cerdos, gatos, gallinas y perros) también compartían el espacio hogareño.

La población de la aldea donde se crió era tan pobre que los precarios recursos que tenían, provenían de una agricultura de subsistencia, siempre y cuando el clima se los permitiera, a lo que aunaban la esperanza de conseguir algún trabajo temporal –época de cosecha– mal remunerado y pocas posibilidades de mejorar la situación. El autor revela que en medio de esa precariedad, existía algo positivo, pues tenían una escuela primaria con maestros que llegaban de otras regiones del país, y que afortunadamente tenían vocación de sembrar las semillas del saber para que los alumnos se superaran.

Comenta Héctor que en esa época comía poco y mal, andaba descalzo la mayor parte del tiempo, porque el único par de zapatos que poseía, debía guardarse para ocasiones especiales, igualmente sucedía con los calcetines, y su ropa era remendada. Así de miserable fue su vida, pero ahora que disfruta de prosperidad, tiene, si no un buen recuerdo, una gran experiencia que le ha servido como acicate para no dejarse derrotar por las adversidades que todos afrontamos en la vida.