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Superando la adversidad II

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Continuando con mi comentario al libro “Superando la Adversidad”, Héctor dice que su historia comienza a atesorar sus recuerdos cuando contaba con 6 años de vida, y que a esa edad aprendió a nadar en el río y ayudaba a su abuela a realizar trabajos domésticos que incluía llevar agua del río a la casa. En su relato, Héctor nos comparte que la pobreza no se mide sólo en carencias alimenticias, sino también por la mala salud, pues algunos niños de la aldea fueron muriendo por diferentes enfermedades, y que él en varias ocasiones estuvo muy cerca de seguir el mismo camino.

Quisiera comentar página por página de tan interesante libro, pero por espacio no es posible. Comenta el autor, que aprendió a distinguir las culebras venenosas de las menos nocivas, para evitar a las primeras, y que una vez agarró una pequeña culebra que trataba de cazar a una lagartija; la metió en una botella, llenándola de agua y así la mantuvo una hora, pero la misma respiraba a través de una burbuja de aire que se hizo, y tal fue su lucha por la vida, que la dejó en libertad.

A sus 7 años fue por primera vez a la escuela, pero al mes le dio un ataque de epilepsia por exceso de lombrices, aunque superó la crisis, su recuperación fue lenta y dejó de ir a la escuela, retornando al año siguiente, pero por la precariedad de alimentación y salud, se enfermó nuevamente de una infección a los tres meses de estar en la escuela, la cual lo tuvo al borde de la muerte. Un señor que tenía una farmacia le aplicó penicilina y sueros, salvándole la vida, pero por sugerencia de ese señor, no regresó a estudiar. Después de tantos aplazamientos, a los nueve años completó su primer grado de primaria y aprendió a leer. Al siguiente año entró al segundo grado, pero volvió a enfermar, y fue tan dramático que cuenta, que un día se levantó como siempre, a las seis de la mañana para ir a la escuela, que se inclinó para desatar al perro y cayó desfallecido, saliéndole espuma por la boca y sin conocimiento. Le administraron hierbas para ver si despertaba del desmayo, se le detuvieron las pulsaciones, creyendo que había fallecido. Continuaré con el desenlace de esta historia.