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Superando la adversidad IV

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Continuando con el comentario del libro Superando la Adversidad, Héctor emprende sus estudios con mucha dedicación y responsabilidad, pues había experimentado todas las carencias que uno ni se imagina. Cuando llega al Seminario les hacen una advertencia a los aspirantes a sacerdotes, la cual le marcó durante el resto de su vida: “A partir de este momento deben desaparecer de su vocabulario las palabras no puedo”. “En la vida todo se puede hacer. De ustedes depende escoger entre lo bueno y lo malo. Los exámenes son bimestrales, y para mantener las becas su promedio de notas no debe ser menor de 75 puntos”. Continúa relatando que el director del Seminario les dijo: “Hasta hoy han ingresado 45 alumnos; para el próximo me atrevo a decir que habrá menos de 30, por diversas razones disciplinarias o no haber alcanzado el promedio requerido”.

El autor nos sigue comentando que las reglas del Seminario había que seguirlas al pie de la letra, de lo contrario regresaría a su terruño, donde no tendría ningún futuro, por lo que tuvo que ser muy disciplinado y estudiar al máximo. Su promedio de estudios nunca fue menor de 90, y al bachillerato sólo llegaron 12 alumnos.

Una de las obligaciones que tenía como estudiante era leer un libro de su elección cada mes, también aprendió a valorar el tiempo, pues cada minuto contaba, y así se fue acostumbrando a cumplir con los horarios establecidos. Finalmente se graduó de Bachiller en ciencias y letras, pero sus estudios no los concluyó en el Seminario, sino en el Instituto Cultural Americano, donde también aprendió carpintería, lo cual no era su vocación.

Al concluir esa etapa de despegue académico, abandonó el seminario en forma definitiva, porque se dio cuenta que su vocación para el sacerdocio no era la idónea. Retornó a la capital y no a su pueblo, porque las condiciones de vida no eran las más adecuadas para los planes de desarrollo personal que se había propuesto, pero cada fin de semana iba a visitar a su madre y a su abuela a la aldea. Continuará.