GuateNews.com

Tercer debate Clinton-Trump Parte I

Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail

Trump acudió a la cita con la percepción de la desventaja en las encuestas, la renuncia del propio Partido Republicano a continuar en el pleno apoyo financiero y logístico. De hecho, varios de sus propios analistas y otros independientes, anticipan la ventaja a la Sra. Clinton en el voto del Colegio Electoral (para ganar 270; Real Clear Polítics le otorga 262, contra 126 de Trump, con 150 por disputar).

Se asumía, en consecuencia, que como ultimo chance debería arriesgarlo todo y dar un golpe de efecto de tal manera que recobrara la punta. Se esperaba un Trump más enérgico, con ese peculiar estilo de ataque capaz de inducir a un error, minar la resistencia de su contrincante, incluso la humillación pública, (hizo esto en las elecciones primarias con una candidata de su propio partido, contra un periodista inválido y con una familia musulmana).

Creemos que en los dos primeros tercios del debate, Trump se condujo sabiamente, manejó cifras, datos y pronosticó nuevos escenarios en la Corte Suprema de Justicia, el manejo de la economía, estabilidad en la regiones problemáticas del mundo, la deuda nacional, el seguro social y otros temas, incluso  atrajo la atención del votante republicano al enfatizar en los dogmas del partido: derecho a la vida, libertad individual, defensa de la segunda enmienda (y derecho a la portación de armas) y el control en forma férrea de la corriente migratoria.

Todo bien hasta ahí, hasta que es obligado a cambiar la mesura por su habitual forma de ataque. Pasa de la retórica al reproche, su temperamento nuevamente lo traiciona y, en este último tramo del debate, comete una seguidilla de errores; insulta a su rival, siembra fuertes dudas sobre los pilares de la democracia norteamericana: la libre sucesión presidencial y la transparencia del sistema electoral.  Causa hilaridad su pobre defensa en cuanto a la presunta forma del trato a la mujer.

Argumenta con absoluta fe y confianza, incluso tratándolo como tema de campaña,  que existe un sistema político “amañado”, que se prepara un “posible fraude” y una “conspiración” en su contra y de no ser él, “no reconocerá” a otro ganador. Acotamos que el reconocimiento es un acto de honor, es parte de la cortesía política y los buenos deseos de un oponente para una nueva gestión. Negarlo no es propio de un candidato, aunque en esta campaña perduren por largo tiempo heridas abiertas y sangrantes.

Estas argumentaciones permiten considerar una serie de situaciones, que al parecer, Trump tiene una difícil situación en su candidatura, que en efecto, los tres debates le lastimaron más a él que a su oponente. En todo caso, los debates fueron un fiel reflejo de lo que es la campaña en general: destacó más la agresividad y la crítica que el contenido político. No hubo aquellos pasajes para que se les recuerde en la historia.

Queda como cátedra la preparación previa para el debate, aun sacrificando días completos y mítines pactados.  La Sra. Clinton confió en esa situación, le dio tiempo a la verificación de datos y los dijo en su momento, con confianza. El hecho de mantener la compostura y no sufrir un embate que no pudiera resistir fue su ganancia y quizá su victoria. Trump entendió la preparación como una burla, cuando consideró esta situación, ya era tarde.

Trató de minimizar las tres décadas de servicio público de la Sra. Clinton e insistió en que una persona como él sería capaz de solucionar los problemas. La respuesta de la Sra. Clinton fue una de las mejores de la noche, al ironizar sobre las actividades de su oponente en la farándula y el negocio inmobiliario y compararlas con las suyas en el servicio público y como funcionaria de Estado.